domingo, 5 de abril de 2026

Homilía del Domingo de Resurrección - Mensaje para la Pascua


 HA MERECIDO LA PENA

Sí, verdaderamente ha merecido la pena. ¡Aleluya!

         Ha merecido la pena todo este tiempo de preparación para llegar hasta aquí, para vivir esta hora.

Han sido más de cuarenta días de purificación que comenzaron el Miércoles de Ceniza. Entonces escuchamos palabras que quedaron grabadas con ceniza en la frente y fuego en el corazón: conviértete y cree en el Evangelio (cf. Mc 1, 15). Palabras provocadoras, que fueron dichas como encomienda, como compromiso, al inicio de un recorrido que ha merecido la pena vivirlo y llegar hasta aquí. Y si todo esto ha sido posible no ha sido gracias a un esfuerzo puntual y voluntarista, sino que ha sido porque siempre ha estado la mano Paterna, Materna, Fraterna, Amiga, que nos ha ayudado a levantar cuando hemos caído.

Ahora, visto desde esta hora, se reconoce el valor de la paciencia, del sacrificio, de la fe, del volverlo a intentar, del no perder el norte, aunque no tuviéramos claro el destino. Sobre todo, vivirlo en tiempos de continua sospecha, de llamadas fraudulentas, de spam, de ofertas engañosas. La tradición cristiana, el testimonio de todos los que nos han precedido en la fe, sobre todo de los santos, nos avala para vivir con certeza el seguimiento de Jesucristo vivo y Resucitado. Cristo y los de Cristo podemos ser garantía de Vida en este mundo que vive mucho de la oscuridad y los efectos de esta, especialmente en los conflictos, pues estos nos devuelven a la casilla de salida, a la quiebra, a la involución.

Hemos podido vivir un itinerario de vida y de fe, que, con esfuerzo y Gracia, nos estimula a seguir creyendo que “no fueron los clavos los que sostuvieron a Jesús en la cruz, sino que fue su inmenso amor por ti y por mi” (Jn 3, 16). Sigamos alimentándonos de esta certeza esperanzadora, que también es la que puede soportar nuestra vida en momentos de cruz.

Por tanto, es la hora del tiempo del anuncio, del testimonio.

Papás que viven y permiten que sus hijos vivan de esta experiencia personal y familiar, eclesial, que empieza en el mismo hogar, ellos y ellas aportan estímulo y sentido de pertenencia en la comunidad. Catequistas que en estas horas podéis ver humanamente reconocidos todos los esfuerzos por ayudar a crecer la semilla que se sembró en el bautismo de los catecúmenos y que, con vuestra dedicación y entrega, con mucho amor, ayudáis a fermentar y crecer, poco a poco, pero sin pausa. Comunidad cristiana que nos encontramos cada Domingo para celebrar el Día del Señor, somos andamio donde poder soportarnos gracias a la piedra angular que nos conforma en un único edificio que somos la Iglesia. Los niños, los jóvenes, la joya también de la Iglesia. Con vuestra vitalidad nos contagiáis fuerza, ojalá también nosotros os podamos contagiar la fe de Jesucristo el Resucitado, el del compromiso con la comunidad y con nuestro pueblo. Comunidad pequeña que nos vemos cada día en la Eucaristía, que hemos vivido el tiempo de la cuaresma como pequeño rebaño, personas entregadas, que escuchan y asienten en el predicamento de mensajes que iluminan la actualidad que nos conforma y configura. Espectadores, que se acercan, pero no se implican, no nos miren simplemente, únanse. Sociedad entera que muchas veces ni sabe dónde va ni se lo pregunta: Jesucristo ha resucitado por nosotros también.

Felices Pascuas de Resurrección: transmitamos paz y alegría en nuestros encuentros.

Hoja Parroquial - Domingo de Resurrección - Ciclo A


 

Homilía del Domingo de Resurrección - Mensaje para la Pascua

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